Cada vez que alguien dice “necesitamos una estrategia”, hay dos reacciones: la útil, cuando sirve para tomar decisiones mañana; y la ornamental, cuando suena a presentación bonita que nadie abrirá después. Y, por desgracia, abunda lo segundo.
La estrategia está en boca de todos, pero en agenda de pocos. No porque sea imposible, sino porque a menudo se confunde con listas de deseos. Se queda en el deck, no baja al backlog, ni a los sprints, ni a las métricas que realmente miden si avanzas.
Y ojo, no se trata de tener un plan eterno. He visto equipos que pasaron de documentos de 40 páginas a una hoja viva con tres apuestas claras y un “no” explícito a lo demás. Ahí empezó a cambiar todo: más foco, menos ruido. La estrategia, cuando es de verdad, es un filtro. Te ayuda a priorizar, a decir no, a decidir qué haces… y qué dejas de hacer.
Acompañando compañías, he visto de todo: equipos que convierten la estrategia en un ritmo de ejecución y otros que la convierten en una ceremonia mensual. Los primeros no necesitan recordarte cuál es su norte; se nota en el roadmap, en los criterios de corte, en lo que lanzan y en lo que archivan. Los segundos gastan más tiempo explicando la estrategia que aplicándola. Ahí es donde se pierde tracción.
Uno de los errores más comunes es creer que estrategia = más iniciativas. Casi siempre es lo contrario. Menos cosas, mejor secuenciadas. El orden importa: primero lo que destraba, luego lo que escala. Sin eso, el go-to-market es una lista de canales y la integración post-adquisición, un PowerPoint.
La estrategia no debería sonar a buzzword. Debería sonar a decisiones incómodas tomadas a tiempo. A criterios compartidos. A “esto sí, esto no, esto después”. Si tienes que vender tu estrategia cada semana, quizá es que todavía no se nota en lo que entregas.
Y no, no va de grandes gestos. Va de pequeños compromisos sostenidos: una métrica elegida con intención, un playbook que se ejecuta igual cada vez, una reunión que desaparece porque ya no aporta. Eso también es estrategia, aunque no suene épico.
Desde mi experiencia, cuando un equipo alinea su estrategia con su producto, su go-to-market y su organización, el crecimiento se vuelve más predecible. No siempre más rápido, pero sí más sano. Porque no se trata de convencer en una slide, sino de demostrarlo sprint a sprint.
Así que si dudas de si tu estrategia se entiende o es relleno… no la redactes mejor. Aterrázala mejor. Conviértela en orden de trabajo. Y luego cuéntala con la misma claridad con la que la estás ejecutando.
Eso no solo te hará coherente. Te hará inevitable.